Habanos

Habanos

Yo soy más de Partagas.

No porque los Cohibas no me gusten. Pero como dirían nuestros denostados vecinos catalanes “la relación calidad precio” es lo que importa.

Además, menudo punto, la estanquera nos regala una caja de cerillas con la silueta de la isla de Cuba estampada en la portada. Decía mi fallecido amigo, Juan Ramos, que a los pobres nos gusta todo lo que cueste más de treinta euros la unidad.

No es el caso, pero este habano me transporta al mismo lugar del último que me fumé. Estoy en un puerto, debe de ser del Caribe por el calor y la humedad que todo lo inunda. Veo gente, mucha gente en un gran ajetreo, algunos suben y bajan de una goleta cargando fardos con mercancías exóticas.

Y al fondo, sin querer, aparece Ella.
De lino blanco (roto), con una sombrilla, bajando tambaleante, pero segura, por la pasarela.
Como ajena, como decidida, como extraña… siempre extranjera.

He probado con los diferentes calibres: robustos, torpedos, lanceros, pero independientemente de la longitud del habano no consigo pasar de ese punto de ensoñación.

La señorita de lino melancólico no pasa del final de la pasarela en el puerto caribeño.

Igual por eso me gusta fumar un habano de vez en cuando, para recordar que hay mundos que estar por completar. Igual por eso que dice Mocedades (qué antiguo): “tú eres la otra España, la que sabe a caña, tabaco y brea…”.

Miro a mi alrededor. Poco a poco vamos completando nuestro sueño.

Ya tenemos limpia nuestra balsa, el alma del molino, el agua… siempre el agua.
Estamos levantando el muro… la piedra.

Ya casi tenemos las ventanas de madera que le darán al molino Centenera toda la personalidad que el tiempo y la desidia le habían arrebatado.

Y nuestros tomates… el alma, la vida de todo ésto:la otra España, la que sabe a caña, tabaco y brea…”.

La vuestra.

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